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PREGUNTAS SOBRE VÍCTIMAS Y CONSUMISMO

Cara a nuestros próximas encuentros IRL, creo que es importante introducir algunos elementos de discusión más.

Ciertos aspectos de lo que ha escrito Robert en sus varias intervenciones me provocan algunas dudas.
Para empezar la rígida división entre “nosotros” –que seríamos ricos, opulentos, satisfechos- y “ellos” -que serían, además de inmigrantes, víctimas y explotados- me parece excesiva y conceptualmente peligrosa. Creo que ver a los inmigrantes actuales sólo como víctimas les despoja de la posibilidad de ser sujetos de sus decisiones. Por lo que se sabe a través de estudios recientes, los que deciden emigrar son a menudo los mejores de sus respectivos contextos; suelen estar relativamente preparados y son portadores de ambiciones personales. Si tuviéramos que pensar que son víctimas -¿de qué? ¿de un espejismo? ¿de un error?- tendríamos que pensar que nostros también lo somos.
En la rígida separación a la que aludía más arriba, el “nosotros” también es un problema. Yo no soy ni rico, ni opulento, ni satisfecho. Por lo que sé tampoco Robert. Entonces ¿somos inmigrantes? Aunque Francesc propone poéticamente considerarnos todos inmigrantes, creo que para poder razonar hay que definir algunas categorías, y nosotros no somos inmigrantes ni consumistas. Si personalizo el discurso es sólo para mostrar, con una ironía que espero se me perdonará, los límites del planteamiento de Robert, en el que desaparece la propia posición del crítico.
Tengo la impresión que el núcleo del análisis de Robert es más adecuado para describir la historia de la imposición del modelo industrial primero y consumista después, que para analizar la situación actual, al menos en sus tendencias de fondo.
Quiero recordar aquí los estudios de Néstor García Canclini y de Martín Barbero, que analizaban –siguiendo la pista que en su día abrió Michel de Certeau- cómo los “oprimidos” lejos de ser solamente empujados a comportarse de una cierta manera por el poder, son capaces de descifrar el contexto y volver a su favor algunos de los elementos de la opresión. Canclini, en concreto, muestra cómo algunas comunidades indígenas latinoamericanas se adaptan al contexto de las ciudades de centroamérica y consiguen, a la vez, sobrevivir y no perder el alma. Son sujetos –en lucha, pero sujetos- de sus decisiones.

Por otra parte, la condena sin paliativos del consumismo también me parece que dificulta el análisis del mismo. Después de Marx y Nietzche, para citar sólo los clásicos, deberíamos saber que si una cierta manera de organizar la sociedad funciona es porque es “humana, demasiado humana” o porque es una “necesidad histórica”. La pregunta que nos deberíamos poner es ¿a qué responde de íntimamente humano y necesario el consumismo? Creo que sólo así lo podremos criticar. Y la crítica nos pondrá la tarea más difícil, porque la pregunta siguiente será ¿Qué se puede proponer de más humano y necesario? Los estudios psicoanalíticos tienen mucho que enseñarnos en este punto.

Estos días he releído los capítulos finales de los tres libros donde Bataille afronta la cuestión económica: La Part Maudite, La Limite de l’Utile y La Théorie de la Religion. En general su análisis está ligado todavía a un contexto de producción industrial más que de consumismo postindustrial, y considera la guerra como el único medio –y por lo tanto como el peligro supremo- de destrucción de los excedentes. En La limite de l’Utile, sin embargo, apunta a una reflexión sobre el consumo –consumer- y viene a decir, muy hegelianamente, que la instauración del mundo de las cosas y el advenimiento de la ciencia es el paso necesario para deshacerse de las ambigüedades de los contextos míticos y religiosos anteriores. Sin embargo, la plena realización de un mundo donde el consumo de lo producido está desprovisto de toda sacralidad –no es de ninguna manera un sacrificio- coincide también con la máxima alienación. La salida que Bataille propone a esta situación es una salida mística en la que coinciden “la intimidad y la lucidez”. De ese modo nos indica la dificultad del problema.

 

Claudio Zulian

 

 

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1 comentario

Robert Tomàs -

Solo dos notas, como un pre-comentario:
1. El "nosotros" y el "ellos" es una forma genérica y simplificada;no tiene sentido decir si soy o no consumista. No siéndolo, me adscribo al "nosotros" arquetípico de la cultura oocidental moderna.
2. Los que emigran ¿Son los mejores? ¿Desde que punto de vista?
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