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Sociedad de consumo y migraciones


Las discusiones que hemos ido manteniendo sobre a las migraciones se han articulado en torno a dos ejes o perspectivas. La primera es básicamente individual y psicológica: se interroga sobre los motivos de los migrantes. La segunda es esencialmente colectiva y socioeconómica: se interroga sobre las causas de las migraciones. Ambas perspectivas no se oponen, sino que pueden considerarse complementarias. Creo que el desarrollo de nuestros debates va contribuyendo a esta aproximación mutua.
En esta óptica, me interesa ahora aportar algunos elementos de discusión al hilo de la última intervención de Claudio (Cultura del consumo y migraciones), tal como fueron presentados en el debate celebrado en CAIXAFORUM el pasado 16 de febrero.

I. Puesto que Claudio utiliza en su argumentación un libro de Zigmunt Bauman (Trabajo, consumismo y nuevos pobres) , me ha parecido un buen punto de partida confrontar nuestras visiones desde el mismo texto. Empecemos pues por citar a Bauman:

“… la ética del trabajo sirvió… para desterrar por la buenas o por las malas… el difundido hábito que vieron como principal obstáculo para el nuevo y espléndido mundo que intentaban construir: la generalizada tendencia a evitar, en lo posible, las aparentes bendiciones ofrecidas por el trabajo en las fábricas…/Cuando el concepto hizo su aparición en el debate público, la malsana y peligrosa costumbre que la ética del trabajo debía combatir y erradicar se apoyaba en la tendencia –muy humana- a considerar ya dadas las necesidades propias, y a limitarse a satisfacerlas. Nada más. Una vez cubiertas esas necesidades básicas, los obreros ‘tradicionalistas’ no le encontraban sentido a seguir trabajando o a ganar más dinero; después de todo ¿para qué? … Era posible vivir decentemente con muy poco; el umbral de lo que se consideraba digno estaba ya fijado, y no había por qué atravesarlo…/Según esta crónica, el objetivo de la guerra era lograr que los ciegos vieran la luz, obligar a los necios a emplear su inteligencia, y enseñarles a todos a aspirar a una vida mejor, a desear cosas nuevas y superiores, y –a través del deseo- mejorarse a sí mismos. En caso necesario, sin embargo, había que obligar a los recalcitrantes a actuar como si en realidad tuvieran esos deseos” (p. 18,9)

Y más adelante:

“Por primera vez en la historia, se habría dado prioridad a ‘lo que se puede hacer’ por encima de ‘lo que es necesario hacer’. La satisfacción de las necesidades habría dejado de regir la lógica del esfuerzo productivo y, lo que es más importante, sus límites; habría hecho posible la moderna paradoja del ‘crecimiento por el crecimiento mismo’” (p. 21)

Con pocas variaciones, la queja se reprodujo después hacia los indígenas de las colonias y , posteriormente, tras la descolonización, vuelve a encontrarse la misma letanía en las organizaciones dedicadas a la cooperación al desarrollo. El mismo obstáculo para la misma misión civilizadora y desarrollista.

“En su etapa presente de modernidad tardía –esta segunda modernidad o postmodernidad -, la sociedad humana impone a sus miembros... la obligación de ser consumidores”.(p. 44)


II. Me gustaría ahora matizar las observaciones de Bauman, en particular la evolución de una sociedad de productores a una de consumidores. Creo que la modernidad occidental, se caracteriza por tres aspectos indisolublemente unidos, aunque puedan manifestarse de maneras diversas:

1. En tanto que un cambio cultural fundamental, la modernidad se caracteriza por la constitución como esfera separada, autónoma y dominante, de la economía, como analizó Kart Polanyi hace ya tiempo. A este aspecto le corresponde la denominación de sociedad de mercado, puesto que, al constituirse como esfera dominante, todo se convierte en mercancía.
2. La lógica de esta economía dominante, al que también denominamos capitalismo, es la “del crecimiento por el crecimiento mismo”: crecimiento de los beneficios, mediante el crecimiento de la producción de mercancías. Estamos pues, también, en la sociedad del crecimiento.
3. Pero para que el crecimiento prosiga su curso ininterrumpido, es necesario que la mercancía efectivamente se venda, para lo que es necesario un crecimiento igualmente sostenido del consumo. El propio Bauman lo contesta, como acabamos de ver . Se trata de “ obligar a los necios a emplear su inteligencia, y enseñarles a todos a aspirar a una vida mejor, a desear cosas nuevas y superiores, y –a través del deseo- mejorarse a sí mismos: Se pregunta el autor “cómo se genera un consumidor”. Y lo contesta en el contexto del crecimiento económico. Para que el sistema funcione “los consumidores… quieran comprar, comprar mucho y comprar más. Se piensa que ‘el crecimiento económico’, la medida moderna de que la cosas están en orden y siguen su curso,… depende, en una sociedad de consumidores, no tanto de la ‘fuerza productiva del país’… como del fervor y el vigor de sus consumidores” (p. 48)Se trata de la sociedad de consumo. Aunque podemos denominar, para distinguir ambos niveles, a la sociedad de consumo de masas sociedad de consumidores.

Sin embargo, a diferencia de Bauman, creo que la nuestra siempre ha sido, necesariamente una sociedad de consumo (aunque no de consumidores), puesto que el consumo es la condición necesaria de la realización efectiva (y no sólo potencial) del beneficio. Sólo que, en sus inicios, el mercado inglés estaba básicamente en el exterior.
De hecho, asoma ya la sociedad de consumidores en pleno siglo XIX, con sus centros en Londres y París (como bien vio Walter Benjamín), a través, en particular, de la Exposiciones Universales. La sociedad de consumo de masas se configura con el fordismo y se realiza ya plenamente, en Occidente, a partir de la segunda mitad del siglo XX.

III. La globalización (expansión de la modernidad occidental al resto del mundo) sigue las pautas que he señalado. La necesidad de mano de obra para el crecimiento se ha ampliado, de forma que las migraciones son ahora seguramente más importantes que nunca. Migraciones internas en los países “emergentes”, India y sobre todo China. Emigración, aún, hacia las metrópolis, como la que llega a Europa.
¿Hasta que punto, como afirma Claudio, “Las personas que han llegado recientemente desde África, Latinoamérica u Oriente para trabajar en Europa, estaban inmersas en un contexto consumista ya en sus países de origen -sin duda en grados diversos-. Llegados aquí desean e intentan consumir como cualquier otra persona. Y ésta es básicamente la razón de su viaje”?
No creo que la razón de la inmigración, aunque sí una de las posibles razones, sea el intento de consumir.
Por una lado, porque en sus países de origen no puede hablarse una sociedad de consumidores, ni siquiera en muchos casos, sociedad de consumo. En los países no occidentales todavía cerca del 90% del campesinado sigue utilizando técnicas tradicionales. En las ciudades, donde llegan los campesinos expulsados sin trabajo y sin perspectivas de volver a la sociedad tradicional, sí funciona el mecanismo del consumo.
Por otra parte, las remesas de lo inmigrantes hacia sus países de origen son del orden de los 6800 millones de € anuales, cifra evidentemente subestimada, y que podría situarse entre los 10 o 12000 millones, para una población inmigrante calculada en unos 4,5 millones de personas (padrón municipal de 2007). Esto significa que una parte muy importante de los ingresos de esos inmigrantes no se consume en España, sino que se destina a mantener a las familias en sus países de origen.
Ello no impide que sean muchos los que se incorporen a la sociedad de consumidores, cuando logran escapar a la situación de marginación y exclusión a que les condena sus precarias condiciones laborales y salariales, lo que les lleva a la frustración de sus deseos. Condiciones que van compartiendo, cada vez más, con los estratos más pobres de la población autóctona, pues, como sabemos, cada vez es mayor la diferencia entre los niveles salariales y los de beneficios, mientras el auténtico consumo creciente se concentra en las reducidas clases medias, esa “pequeña burguesía planetaria” de la que habla Agamben.

Emancipar el deseo del consumo, este es el desafío que únicamente podrá ser resuelto por un nuevo cambio cultural: una nueva sociedad en la que no impere la economía, el crecimiento ni el consumo.

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