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Nosotros, los otros, la cultura y la economía


Al hilo de la aportación de Francesc (y de la incomodidad de Claudio).
El "nosotros" designa -en mi utilización- la pertenencia común a una cultura, en nuestro caso, la occidental moderna; lo que significa afirmar que nuestra subjetividad se construye en el marco de una cultura determinada; lo que no significa homogeneidad absoluta entre los individuos, ni inmutabilidad, ni no contradicción, ni mucho menos pureza. Me quedaría con la definición de Francesc:
"La cultura entesa com el conjunt de formes d'estar al mon que tenen els grups humans"
Diría también (y en esto sigo ahora a Raimon Panikkar) que las culturas son inconmensurables, incomparables: no hay manera de poder juzgar una cultura fuera de las culturas. Decir que otra cultura es inferior es haber decretado, previamente, que nuestra cultura es la medida de todas las demás. Así, no existiendo un espacio extracultural, el nosotros viene a significar simplemente la pertenencia a un modo particular de estar en el mundo.

En el tema de referencia, la migración, plantea un pregunta específica, puesto que el inmigrante, respecto a la cultura de recepción es un "otro" (un extranjero, un forastero), pero no todo extranjero, aunque viva y trabaje en el país. es visto como inmigrante. El inmigrante es otro específico. En Cataluña, actualmente, un inmigrante es una persona no europea y pobre, que ha venido para huir de la miseria; antes lo fue un andaluz, un murciano, un extremeño o un gallego, etc. Pero también los europeos que fueron a América (a hacer las américas). En estos y otros episodios parecido hablamos de "emigración económica", expresión en desuso, pero que he oído hace tiempo para diferenciarla de la "emigración política", en concreto de los republicanos huidos a Francia para escapar de la barbarie franquista.

Y lo anterior nos lleva a la economía. Una de las peculiaridades de "nuestra cultura" (id est. Occidental moderna) es la constitución de la Economía como una esfera separada, autónoma y dominante, lo que, como ya observó Polanyi, nos diferencia de otras culturas. Así, el inmigrante llega a una sociedad particularmente fragmentada -en relación con su cultura de origen. Esto tiene a mi modo de ver una consecuencia importante por lo que se refiere a la situación de "nativos" e "inmigrantes": al límite, y en la medida que el inmigrante es "mano de obra barata", sin otra exigencia que la que se desprende de su situación laboral, podría perfectamente quedar al margen de las formas culturales dominantes.

En la medida en que, cada vez más, como que identifica socialmente a las personas es su posición económica, y para el inmigrante, su situación legal (los papeles), este "otro" queda ya imaginado (si entiendo bien la distinción a la que Francesc alude), no por su cultura personal, sino como otro no occidental (o no catalán), es decir en términos puramente negativos, de oposición, de negación y de carencia: uno que no es como "nosotros" (pero este es también un nosotros imaginario) y que debería admirarnos. De la misma manera, es bien posible que desde los inmigrantes Cataluña sea simplemente este lugar de Occidente en el que trabajar, tener dinero y acceder a una posición social: aquí o allá, no es tan importante.

De la relación entre unos y otros sujetos, por encima de "nosotros " y "ellos" (como categorías imaginadas) surgen, constantemente, transformaciones culturales, que no podemos conocer en su complejidad y magnitud, como siempre, desde siempre.

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