Imatges del benestar Imágenes del bienestar

Temas

Enlaces

Ecología

Economía

Migraciones

Otros Links Redactores

Otros

Archivos

 

Se muestran los artículos pertenecientes a Octubre de 2007.

02/10/2007

DEL CIUDADANO AL CONSUMIDOR (SIGUE LA LECTURA DE HANNAH ARENDT EN COMPAÑÍA DE ZYGMUNT BAUMAN)

Actualmente la referencia a la felicidad pública, resulta totalmente anacrónica. De hecho, en el vocabulario de los hombres del siglo XVIII, felicidad y libertad públicas tenían, según refiere Arendt, una relación muy estrecha; puede decirse que la felicidad pública se daría,para aquellos primeros revolucionarios americanos, con el advenimiento de la libertad pública, es decir, el derecho del ciudadano a acceder a la esfera pública, a participar en los asuntos públicos. En este sentido preciso, la libertad era la esencia de la felicidad. En cambio la libertad civil o individual se identificaba con el bienestar privado. Es esta contraposición la que interesa analizar con más detalle.

La libertad individual como tal es accesible a los individuos, de tal manera que puede decirse que en todos los regímenes ha existió una libertad individual más o menos extendida. En los regímenes despóticos, autoritarios o aristocráticos, pocos o muy pocos gozaban de libertad y bienestar. Sin embargo, la felicidad o la libertad públicos son accesibles solamente al conjunto de la comunidad. De ahí la fácil traslación, en las sociedades individualistas, de la felicidad y libertad públicas al bienestar individual y a la libertad asimismo individual, consagrando por el mismo movimiento, la derrota del ciudadano a manos del consumidor ( o la subordinación del espacio público, político, a la esfera del interés privado).

Si la autora alemana señaló la transición entre ambas formas de libertad, ha sido más tarde Zigmunt Bauman quien ha explorado este mismo camino a la luz de las transformaciones recientes en la sociedad occidental.

En efecto, para Arendt,

"[América] fue cayendo bajo la influencia de los ideales que habían (sic) inspirado la pobreza, distintos de los principios que habían (sic) inspirado la fundación de la libertad. En efecto, la abundancia y el consumo ilimitado son los ideales de los pobres; son el espejismo en el desierto de la miseria. En este sentido, la abundancia y la miseria son sólo dos caras de la misma moneda; los lazos de la necesidad no necesitan ser de hierro, pueden ser de seda. En efecto, la ‘pasión fatal por las riquezas llovidas del cielo' nunca fue el vicio de hombres sensibles, sino el sueño de los pobres... Aunque es cierto que la libertad sólo puede llegar a quienes tienen cubiertas sus necesidades, también es cierto que nunca la lograrán aquellos que están resueltos a vivir de acuerdo con sus deseos" [Sobre la revolución, p.185]

En el siglo XIX desapareció el ciudadano de las revoluciones y fue substituido por el individuo privado. Sigue la autora: "...podemos considerar esta desaparición del ‘gusto por la libertad política' como la retirada del individuo a una ‘esfera íntima de la conciencia' donde se encuentra la única ‘región apropiada para la libertad humana'" [p. 187] (El entrecomillado pertenece a John Stuart Mill, Sobre la libertad)



Zigmunt Bauman (Libertad, Madrid, Alianza 1988, páginas 152 a 157) comenta el anterior párrafo del siguiente modo:

"Estos ‘hombres pobres' de los que escribió Hannah Arendt no son necesariamente personas que viven ‘objetivamente' en la pobreza... Algunos de ellos sin duda son pobres en este mismo sentido. Pero hay muchos otros que son ‘pobres' y que tienden a permanecer así, porque lo que poseen es lastimoso en comparación con lo que existe en oferta y porque todos los límites han sido eliminados de sus deseos. Son ‘pobres' porque la felicidad que persiguen se expresa en una cantidad creciente de posesiones y por tanto se les escapa constantemente y nunca será alcanzada... Los consumidores libres son ‘pobres' y por tanto no tienen interés en la ‘libertad pública'" [p. 154] (Yo subrayo)


La distancia histórica que va de 1963, primera edición de Sobre la revolución a 1988, primera edición de Libertad, lleva a Bauman a señalar que:

"Lo que Arendt no tuvo tiempo de observar fue que la sociedad de consumo, que nació de la ‘fragmentación' del bienestar público en una multitud de actos de consumo, desarrolló las condiciones para su propia perpetuación" [p. 154,5]

He subrayado en la anterior cita de Bauman lo que hoy define (más aún que en 1988) la trampa del bienestar, que se expresa como esta carencia de límites en los deseos, pero unos deseos que se limitan, precisamente, a la posesión de bienes de consumo. Consumir, añadiría, es un mero goce de la posesión: en esta espiral, "los consumidores libres son ‘pobres'" en relación con la riqueza inalcanzable para la gran mayoría.
Así, paradójicamente, la imagen del bienestar no es otra cosa más que la imagen de la pobreza en medio de la abundancia.

La modernidad occidental, individualista, ha creado un individuo consumidor, máquina insaciable, cuyo goce no es concebible más que a través del creciente e indefinido crecimiento de sus posesiones. Una nueva pobreza que se proyecta en la comparación interpersonal, con la promesa de un futuro de riqueza.

No queremos darnos cuenta de que el creciente número de objetos que poseemos en relación con el que poseían nuestros padres, y no digamos nuestros abuelos, no significa que somos más ricos que ellos, sino que las condiciones materiales para poder sobrevivir se han multiplicado desmesuradamente.

Desde otros países del llamado Tercer Mundo, la imagen del bienestar consiste simplemente es esta desmesura, esta abundancia material que se sitúa en una escala inalcanzable, pero de la que, de una forma u otra se busca participar. Pero estas consideraciones serán objeto de otra intervención.





Etiquetas: , , , , , , , ,

02/10/2007 17:23 Autor: Robert Tomas. Enlace permanente. Tema: Economía Hay 2 comentarios.

09/10/2007

CATÁSTROFE CULTURAL Y ECONOMICIDIO


Para que la imagen del bienestar pueda ejercer un efecto (y un afecto) sobre los futuros inmigrantes ha debido de producirse previamente un cambio cultural; mejor dicho, una auténtica catástrofe cultural.
El proceso que condujo a Occidente a su modernidad supuso una gran transformación cultural, similar a la que se produjo posteriormente en los territorios no metropolitanos. Como señala Karl Polanyi (La gran transformación) , refiriéndose a la Europa de la Revolución Industrial:

"Separar el trabajo de las demás actividades de la vida y someterlas a las leyes del mercado, era aniquilar todas las formas orgánicas de la existencia y remplazarlas por un tipo de organización diferente, atomizado e individual" (p. 220, de la edición francesa; yo traduzco).

Y añadía, en referencia explícita a los países (por entonces, 1944) colonizados:

"Hay que forzar a los indígenas a ganar su vida vendiendo su trabajo. Para ello, hay que destruir sus instituciones tradicionales e impedir reformarlas, puesto que en una sociedad primitiva, el individuo no está en general amenazado de morir de hambre a menos que la sociedad en su conjunto no se encuentre en este triste caso" (p. 220)

Había señalado unas páginas antes:

"No es la explotación económica, como se supone con frecuencia, sino la desintegración del entorno cultural de la víctima que es entonces la causa de la degradación. El proceso económico puede naturalmente proporcionar el vehículo de destrucción y, casi invariablemente, la inferioridad económica hará ceder al más débil, pero la causa inmediata de su pérdida no es sin embargo económica; reside en la herida mortal inflingida a las instituciones en las que se encarna su existencia social. El resultado es que no se respeta más a sí mismo, y que pierde sus criterios morales, se trate de un pueblo o de una clase, que el proceso surja de lo que se denomina un ‘conflicto de cultura' o de un cambio de posición de una clase en el interior de una sociedad. Para aquel que estudia los inicios del capitalismo, el paralelismo está lleno de sentido. Las condiciones en las viven hoy día algunas tribus indígenas de África se parecen indudablemente a las de las clases trabajadoras inglesas durante los primeros años del siglo XIX" (p. 212)

De esta forma, perdidos los referentes culturales, desposeídos de sus medios de vida habituales, al substituirse la agricultura llamada de subsistencia por los cultivos comerciales especializados, el africano se ve expulsado no sólo físicamente sino también culturalmente de su entorno social.
Que este proceso, como ya observara Polanyi, se dio obviamente en las colonias, que unían a la explotación económica la "civilización" de los pueblos primitivos, se ha acentuado mucho más desde las independencias formales y la expansión occidental (ahora llamada globalización).
Como indica Dominique Temple (Estructura comunitaria y reciprocidad. Del quid-pro-quo histórico al economicidio. La Paz (Bolivia) Ed. Hisbol- Chitaolla, 1989) , "el sistema capitalista, en efecto, pretende sustituir los valores indígenas de prestigio por las mercancías que éste produce" (p. 48) para lo cual habrá de imponer al sistema productivo indígena la necesidad de dotarse de los medios para adquirir "las mercancías de prestigio que propone en lugar de sus propios valores: lo cual significa, por un lado, destruir los sistemas de reciprocidad y, por otro, fomentar la producción para la exportación" (p. 49) En esta tarea, las ONG tienen un papel importante:

"consiste en sustituir la infraestructura de reciprocidad por una infraestructura de intercambio. Esto es lo que proponemos llamar ‘economicidio'. Es la función esencial y sistemática de la ONG occidentales. El economicidio no es exclusivo de las ONG. Es también característico de la cooperación técnica y de la ayuda internacional. Pero las ONG son prácticamente las únicas fuerzas occidentales que pueden intervenir en las comunidades indígenas" (p. 54)

En efecto, la ayuda al desarrollo, contemplada desde la perspectiva de las culturas vernáculas, es un importante vehículo de aculturación, de depreciación de las culturas no occidentales y, particularmente, de individualización. El habitante de las chabolas de las macro aglomeraciones urbanas (no podemos llamarlas ciudades) del África, Asia o América, ha perdido los vínculos con sus comunidades de origen, en las cuales todos comparten las penalidades y las alegrías, pero donde nadie es más pobre que los demás, puesto que todos son, antes que nada, miembros de la familia, el clan o la tribu.
Así, los pueblos de cultura no occidental, sometidos desde diferentes frentes a la pérdida de sus referentes culturales, están capacitados para ser seducidos por las imágenes del bienestar individual con que les bombardea Occidente. Abrumados por la tecnología y la riqueza que se les promete desde todos los medios de comunicación, únicamente se les ofrece un camino: alcanzar, con el riesgo de sus vidas, las orillas del paraíso del bienestar.
No sólo estos inmigrantes vienen a hacer los peores trabajos, con sueldos miserables y muchas veces en la ilegalidad y bajo explotación más abyecta; no únicamente contribuyen al crecimiento de nuestra economía y a la prosperidad de nuestras empresas sino que, además, nos permiten sentirnos ricos, civilizados y generosos; nos permiten pensar que, en efecto, vivimos en el mejor de los mundos posibles.





Etiquetas: , , , , , , ,

09/10/2007 18:44 Autor: Robert Tomas. Enlace permanente. Tema: Economía No hay comentarios. Comentar.

17/10/2007

TOTS SOM IMMIGRANTS

Voldria ressenyar del article de Robert Tomàs “Catastrofe cultural y economicidio” la frase extreta del text de Karl Polany; “separar el treball de les altres activitats de la vida i sotmetre-les a les lleis del mercat”. Aquesta substitució té com efecte immediat la destrucció de les formes orgàniques d’existència que són a l’hora substituïdes per formes atomitzades i individuals. Seria interessant insistir en la importància que per a la subjectivitat tenen aquestes transformacions fins el punt en que se’ns fa difícil de diferenciar entre un individu i una col·lectivitat.

Les formes orgàniques d’existència en les que la relació entre la necessitat el desig i la satisfacció estan articulades en formes precises generen també un tipus de subjecte.

En aquesta perspectiva és cert que no hi ha diferència des de el punt de vista subjectiu entre l’immigrant i el natiu, no hi ha diferència en el moment que ambdós estan sotmesos a la mateixa lògica; la satisfacció és individual una vegada es sotmet el desig a les lleis del mercat, es a dir, el treball queda atomitzat, fora d’una metabolització col·lectiva, com podria ser una festa o un ritual. La desintegració de la cultura en la que els subjectes es sostenen i la seva substitució per la cultura del treball governada per les lleis de mercat ens iguala en la aculturalitat.

Malgrat ens pesi, solament tenim les referències a les cultures agrícoles i pre-industrials en la nostra societat i les referències que els immigrants porten més recents encara de les formes de vida regides per altres tipus de mecanismes.

Plantejo llavors la idea que tots som immigrants, tots estem expulsats del nostre país i tots estem navegant a la deriva en “pateres” més o menys luxoses. Hi podríem incloure els mateixos alts executius i grans capitalistes de la nova economia, esclaus de la atenció contínua al estat del mercat i a les seves vacil·lacions.

Podem extreure una segona idea a allò que suposa la immigració generalitzada, és l’efecte que té en la subjectivitat aquest estat de migració contínua. Ens trobem amb subjectes desarrelats que floten fins que una feina els fixi en la identitat de treballadors. És a partir d’aquí que el neguit del parat és substitueix pel neguit del treballador ocupat; pagar la hipoteca o el cotxe o qualsevol dels objectes que ens permeten satisfer-nos en aquest mon opulent i meravellós.

Es tracta de subjectes sempre atents a no perdre el treball que és allò que permet sostenir el “benestar”. Un subjecte que no pot gaudir dels beneficis dels objectes de consum per que la dedicació al treball li resta temps per a gaudir-ne. Un subjecte que ha sacrificat estar amb els fills per treballar més hores per a pagar-los hi unes bones botes o un bon mòbil.

El tornar al país d’origen és també el tornar a casa a viure amb els altres. Tornar a casa és també per tots nosaltres deixar de perseguir aquest impossible que alimenta la insaciable societat del benestar.

Podríem apuntar com a tercera i darrera idea que tots plegats, els immigrants i sobretot els natius, ens hem de curar d’aquest miratge que és la imatge de la nostra societat del benestar.

 

 

Etiquetas: ,

17/10/2007 13:22 Autor: Francesc Puntí. Enlace permanente. Tema: Psicoanálisis No hay comentarios. Comentar.

PREGUNTAS SOBRE VÍCTIMAS Y CONSUMISMO

Cara a nuestros próximas encuentros IRL, creo que es importante introducir algunos elementos de discusión más.

Ciertos aspectos de lo que ha escrito Robert en sus varias intervenciones me provocan algunas dudas.
Para empezar la rígida división entre “nosotros” –que seríamos ricos, opulentos, satisfechos- y “ellos” -que serían, además de inmigrantes, víctimas y explotados- me parece excesiva y conceptualmente peligrosa. Creo que ver a los inmigrantes actuales sólo como víctimas les despoja de la posibilidad de ser sujetos de sus decisiones. Por lo que se sabe a través de estudios recientes, los que deciden emigrar son a menudo los mejores de sus respectivos contextos; suelen estar relativamente preparados y son portadores de ambiciones personales. Si tuviéramos que pensar que son víctimas -¿de qué? ¿de un espejismo? ¿de un error?- tendríamos que pensar que nostros también lo somos.
En la rígida separación a la que aludía más arriba, el “nosotros” también es un problema. Yo no soy ni rico, ni opulento, ni satisfecho. Por lo que sé tampoco Robert. Entonces ¿somos inmigrantes? Aunque Francesc propone poéticamente considerarnos todos inmigrantes, creo que para poder razonar hay que definir algunas categorías, y nosotros no somos inmigrantes ni consumistas. Si personalizo el discurso es sólo para mostrar, con una ironía que espero se me perdonará, los límites del planteamiento de Robert, en el que desaparece la propia posición del crítico.
Tengo la impresión que el núcleo del análisis de Robert es más adecuado para describir la historia de la imposición del modelo industrial primero y consumista después, que para analizar la situación actual, al menos en sus tendencias de fondo.
Quiero recordar aquí los estudios de Néstor García Canclini y de Martín Barbero, que analizaban –siguiendo la pista que en su día abrió Michel de Certeau- cómo los “oprimidos” lejos de ser solamente empujados a comportarse de una cierta manera por el poder, son capaces de descifrar el contexto y volver a su favor algunos de los elementos de la opresión. Canclini, en concreto, muestra cómo algunas comunidades indígenas latinoamericanas se adaptan al contexto de las ciudades de centroamérica y consiguen, a la vez, sobrevivir y no perder el alma. Son sujetos –en lucha, pero sujetos- de sus decisiones.

Por otra parte, la condena sin paliativos del consumismo también me parece que dificulta el análisis del mismo. Después de Marx y Nietzche, para citar sólo los clásicos, deberíamos saber que si una cierta manera de organizar la sociedad funciona es porque es “humana, demasiado humana” o porque es una “necesidad histórica”. La pregunta que nos deberíamos poner es ¿a qué responde de íntimamente humano y necesario el consumismo? Creo que sólo así lo podremos criticar. Y la crítica nos pondrá la tarea más difícil, porque la pregunta siguiente será ¿Qué se puede proponer de más humano y necesario? Los estudios psicoanalíticos tienen mucho que enseñarnos en este punto.

Estos días he releído los capítulos finales de los tres libros donde Bataille afronta la cuestión económica: La Part Maudite, La Limite de l’Utile y La Théorie de la Religion. En general su análisis está ligado todavía a un contexto de producción industrial más que de consumismo postindustrial, y considera la guerra como el único medio –y por lo tanto como el peligro supremo- de destrucción de los excedentes. En La limite de l’Utile, sin embargo, apunta a una reflexión sobre el consumo –consumer- y viene a decir, muy hegelianamente, que la instauración del mundo de las cosas y el advenimiento de la ciencia es el paso necesario para deshacerse de las ambigüedades de los contextos míticos y religiosos anteriores. Sin embargo, la plena realización de un mundo donde el consumo de lo producido está desprovisto de toda sacralidad –no es de ninguna manera un sacrificio- coincide también con la máxima alienación. La salida que Bataille propone a esta situación es una salida mística en la que coinciden “la intimidad y la lucidez”. De ese modo nos indica la dificultad del problema.

 

Claudio Zulian

 

 

Etiquetas: , , ,

17/10/2007 20:45 Autor: imagenesdelbienestar. Enlace permanente. Tema: Migraciones Hay 1 comentario.

22/10/2007

UNA NOTA SOBRE LA NUEVA POLÍTICA DE INMIGRACIÓN DE LA UE


Según "el País" (lunes 22 de octubre de 2007, página 6), la Unión Europea va a promover la llegada de inmigrantes cualificados, es decir, aquellos que tengan un título de educación superior.

Según la periodista, la Unión Europea dará "facilidades a los extranjeros con estudios superiores, para que se decidan por Europa en lugar de emigrar a Estados Unidos y suplan la falta de mano de obra que se avecina en el continente". Más adelante se remacha el clavo, recordando que "EEUU atrae al 55% de estos trabajadores, mientras que sólo el 5% llama a las puertas de la Unión". Además, "el 3,2% de los inmigrantes son inmigrantes altamente cualificados, mientras que en Australia se elevaban al 9,9% y en Suiza al 5,3%. En la Unión Europea, los altamente cualificados apenas representan el 1,72% de la fuerza laboral".

¿Por qué está la Unión tan preocupada? En una columna adyacente al artículo principal y titulada "La llegada de cerebros como tabla de salvación", escribe la periodista: "Bruselas está convencida de que la entrada de inmigrantes cualificados es una de las vías de salvación de la economía europea" porque "harán falta más jóvenes para pagar las pensiones".

Se reconoce en el texto que esta política es polémica, ya que, por un lado, es vista como una incitación a la fuga de cerebros, y , por otro, resulta una injerencia en las competencias estatales. También se recoge la opinión de la Secretaria de la Confederación Europea de Sindicatos, según la cual "no nos gusta que la UE decida qué inmigrantes son buenos y cuáles no. ¿Por qué sólo los cualificados? Europa también necesita gente en los demás sectores".

Como no puede pedirse a un artículo periodístico un análisis profundo, colaboremos desde aquí a una reflexión algo más matizada.

Destaca, en primer lugar, la preocupación por la, habitual, inferioridad respecto a los Estados Unidos. Que este país es un polo de atracción de inmigrantes cualificados es un fenómeno conocido desde hace mucho y que afecta, además, como es igualmente notorio, a los propios europeos y más palmariamente aún, a los propios titulados superiores españoles. Parece que las preclaras mentes de Bruselas despiertan ahora del letargo y se dan cuenta de las múltiple ventajas de tener una inmigración a la medida.
Curiosamente, el principal argumento, y que en el texto sólo aparece de refilón, es bien sencillo.

La empresas necesitan en esta "economía basada en el conocimiento" de trabajadores cualificados, en la perspectiva de un crecimiento cada vez mayor. Como la oferta interior parece que va a resultar escasa, hay que buscar personal en el extranjero y, para ello, hay que competir con los EEUU, que ya han mostrado el camino.
Los inmigrantes cualificados ofrecen además, ventajas suplementarias.

En primer lugar, los países receptores no han tenido que hacerse cargo de su formación. Más aún, en muchas circunstancias, la formación superior en estos países se ha realizado con cargo a la ayuda exterior. Así, los países "desarrollados" se benefician por partida doble. Por un lado, despliegan una ayuda más o menos generosa pero condicionada; por otro, reciben los frutos de esta ayuda en forma de personal formado que puede contribuir así a acelerar el crecimiento de la economía (y de los beneficios privados) No es extraño el énfasis del Banco Mundial para prestar fondos que fortalecieran la educación, y en particular la superior, en muchos países "en vías de desarrollo". O lo que es lo mismo, los países pobres se han endeudado par formar titulados que irán a trabajar a los países ricos.
Se reconoce por parte de los elaboradores de esta nueva política, que se va a acusar a Bruselas de "promover la fuga de cerebros de países en desarrollo. Por eso, el texto camina con pies de plomo y pide a los Estados de la UE que se abstengan de reclutar trabajadores en sectores necesitados de los países en desarrollo como el sanitario". Punto.
A falta de poder consultar el texto (aún no definitivo, parece), hay que admitir que esta argumentación brilla por su más completo cinismo. Eso si, reconoce las competencias de los Estados (punto polémico también), lo que reduce la responsabilidad de la UE, para los redactores, a una piadosa recomendación. ¿Hará falta recordar, como simple botón de muestra, la llegada masiva de médicos suramericanos a España en los últimos años?

En segundo lugar, serán los de mejor currículo los que serán admitidos, puesto que los países receptores se encargarán de seleccionar los aspirantes, con lo que, la "fuga de cerebros" será cualitativamente más importante.

En tercer lugar, y en el texto aparece como un argumento fundamental, estos inmigrantes son necesarios para pagar las pensiones de los europeos envejecidos. Curioso argumento, que va de la mano de los intentos descarados de privatizar las pensiones, a la vez que se reducen los impuestos, en particular de los más ricos. Si es por eso, y dado que por ahora los agoreros no han acertado, simplemente podría resolverse el hipotético problema con un sistema fiscal realmente progresivo. Pero el horno neoliberal no está para bollos sociales.


Etiquetas: , , , , ,

22/10/2007 18:54 Autor: Robert Tomas. Enlace permanente. Tema: Migraciones No hay comentarios. Comentar.


Plantilla basada en http://blogtemplates.noipo.org/

Suscrí
bete a este blog. RSS 2.0 Este Blog ha sido creado con Blogia. Ver derechos de autor . Estadísticas. Admin. [Blogia colabora con 1001 relatos.]